Usualmente no escribo sobre la situación actual ni del mundo ni de mi país, no me gusta ser pretencioso, ni proponer soluciones que realmente no sé si funcionarían o no, mis preocupaciones suelen ser otra, más inútiles quizá, la literatura, el arte, las preocupaciones puramente intelectuales con las que se me han formado y que he decidido seguir en esta carrera que pretendo ejercer como escritor. Sin embargo, no puedo más. No puedo quedarme callado, no puedo cerrar los ojos e imaginarme mundos fantásticos para escapar de esta realidad, para darle a las mentes que me lean otros mundos en los cuales puedan refugiarse, esta vez no. Estos días en los que Colombia se ha levantado a gritos para enfrentar balas, estos días en los que mi pueblo, la tierra que me crío, se desangra lentamente por una serie de intereses empresariales y corruptos; estos días en los que he visto cómo la indiferencia de las personas nubla el amor, la empatía y el deseo de vivir en un lugar mejor, no solo por...