Vi Mugre rosa en las noticias literarias. Recordé a mi maestra y sus consejos; recordé esa reunión en la que hablaría de su próximo proyecto, esa reunión a la que no asistí… Vi reseñas, entrevistas. Dijeron: distopía, bruja, profecía. Vi comentarios, citas. Dijeron: poesía, belleza, perturbadora. Ayer vi Mugre rosa en mis manos, sentí sus páginas, dejé que se me cayera la piel y volví a ese salón de clases en el que conocí a Fernanda Trías. Hoy escribo estas páginas después de un día de completa obsesión con la nueva novela de la autora que hace un tiempo fue mi maestra. No puedo (como tampoco puede hacerlo la novela) partir de un punto específico, mi lectura de Mugre rosa comenzó quizá hace poco más de dos años, cuando la novela apenas estaba pasando a imprenta, en ese salón de clases del edificio Z en el que Fernanda nos presentaría el programa de su taller de escritura. Recuerdo sus primeras palabras, su obsesión con la memoria, su manera de hacer que nos presentáramos para ...