Son pocas cosas las que me levantan de mi cama a las doce de la madrugada. Normalmente disfruto del calor del cobijo viendo vídeos en YouTube hasta que el cansancio me alcanza y al final quedo dormido. Cuando no me alcanza el cansancio disfruto del insomnio escuchando algún álbum musical desconocido para mí o exploro algún libro que tenga al alcance. Hoy, sin embargo, gracias al implacable determinismo, me levanté. En mi ritual cotidiano entre a YouTube a ver qué tenía por ofrecer la plataforma en esta madrugada y me encontré con un vídeo de Alvinsch de su serie “analizando música de mierda” ¿el protagonista de este capítulo? Bad Bunny. Tenía que verlo.
Entré con cierta desconfianza, he de ser honesto,
muchas veces me he sentido incómodo con los vídeos de Alvinsch. No por su
contenido, sino más bien por la manera de tratarlo. Me aburrían. Solo había
podido disfrutar un par de ellos. Sin embargo, entré y ahora estoy frente al
teclado. Yo esperaba el capítulo común en el que se burlaba de las figuras “artísticas”
actuales y al final hacía una mofa con una parodia musical. Y lo cierto es que
ese capítulo sí llegó, pero con algo más y esa es la razón por la que decidí
levantarme y escribir.
Más allá de la crítica a la figura de Bad Bunny (con
la que no puedo estar más de acuerdo) el vídeo es una propaganda (si se le
puede llamar así) del nuevo álbum de Alvinsh “Sala de espera”. Después de la
crítica y una reflexión sobre el ego no podía hacer otra cosa que poner el lanzamiento
y escucharlo. Como dije: el implacable determinismo. Y siendo honesto no sé muy
bien qué quiero decir, ni por qué quiero decirlo, pero no podía solo ponerme
mis audífonos y quedarme con esto solo para mí.
No soy ningún experto en música y tampoco pretendo
evaluar lo que dicen las letras de las canciones buscando significados ocultos
en la lírica o imaginándome viajes psicodélicos para justificarlas. Sin
embargo, puedo decir que escucho claramente cómo Alvinsch se atrevió a tomar
los recuerdos de ese “yo” para hacer algo totalmente impersonal. Lo digo porque
mi mente tiene la costumbre de relacionar los rostros de los artistas y en
general de las personas famosas con sus productos. La música de C. Tangana
tiene su rostro, lo mismo que Break My Heart solo puede tener la cara de Dua
Lipa y Bohemian Rhapsody a Freddie Mercury con su traje blanco y el cabello
largo frente al piano. Sala de espera no tiene rostro, no es Alvinsch y no es
nadie. No es colombiano, tampoco es experimental, no pertenece a ningún genero
ni responde a ninguna fórmula (aunque tenga elementos de cada una de esas
cosas).
Sala de espera es una mezcla de vivencias sin nombre
que se han traducido en una reflexión de un youtuber que ha dejado de ser para
consolidarse en su propia exploración. Dentro de esa mezcla puedo escuchar a
Tipper, al Cuarteto de Nos, a Zoé, a Lido Pimienta, a tantos y tantos que al
final no son nadie. Tal vez esa sea la razón por la que no pude resistirme a
levantarme y venir a escribir estas palabras sin sentido alguno. Eso es
irrelevante. La mezcla de la animación, de los títulos en clave, de los juegos
con la cultura del poder estético y monetario, de la música que no logra
decidirse a dónde ir es lo que me tiene acá y es lo que quiero rescatar y compartir
con quien sea que lea estas palabras.
Dejando un poco de lado la emoción y escuchando por
segunda vez el álbum puedo decir dos cosas. La primera es que no sé (debido a
mi inexperticia) hasta dónde puede llegar este álbum y, aunque no lo considere
una obra maestra, sí esperaría que llegara a abrir las puertas de una exploración
artística en las personas que consumen el arte hoy. La segunda es que después
de un incansable anhelo por encontrar un álbum con el que me pudiera
desconectar (incluso de mí mismo) he encontrado Sala de espera y, aunque no sea
perfectamente lo que buscaba, puedo sentir la calma de pausar todo y sentarme a
esperar la llegada de esas cosas que se esconden detrás de la puerta que están
intentando abrir las personas como Alvinsch.
Alvinsch menciona al final de su vídeo que después de
tanta crítica a una figura como Bad Bunny llegarían las personas que
criticarían su crítica tachándolo de mediocre casi porque “es muy sencillo
criticar y muy difícil hacer”. La respuesta a eso es clara con este álbum, pero
lastimosamente insuficiente. Depende de nosotros, los oyentes, hacer de este
álbum de nadie una experiencia de todos.
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