23 de julio
Volví, sin besos, sin alegrías. Volví. Medio muerto y
medio derretido. Hablo con D y me responde con complicidad, como si el secreto
nos uniera, como si las babas se quisieran reunir de nuevo, como si siguiéramos
en esa noche en la que todo se fue un poco a la mierda y terminé otra vez en el
psiquiátrico.
Pero volví.
Siento el proceso de escritura algo rezagado, pero
claro. Siento que las palabras salen con naturalidad, si es que algo así existe
en las artes, pero escribir dos renglones me cuesta un esfuerzo colosal, como
si escribiera usando la laringe en vez de las manos.
Volví.
Grito.
Sobrevivo y por eso escribo. Ya no necesito ayuda,
sino muerte. Tengo a Pizarnik, no sé si será suficiente. Me prohíben leerla,
eso solo quiere decir que es bueno que la lea, pero no lo hago, no sé cómo se
lee la tristeza de una genio, tampoco sé escribir la mía. Mierda. O merde como
diría ella. En fin.
Volví, aquí, donde nadie me lee, volví para estar solo
nuevamente.
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