26 de junio 2020
Desde que salí de ese hospital psiquiátrico no tomaba
las letras para mí, quizá porque he decidido refugiarme en cualquier lugar
antes que enfrentarme a mí. Pero es inevitable. El dolor de enfrentarse a uno
mismo siempre va a estar presente y tarde o temprano uno termina mirándose al
espejo. Entonces decidí hacerlo voluntariamente y dejar un testimonio escrito
de todo lo que no me sirve. En otras palabras, voy a hacer un diario de mierda
que tal vez algún día llegue a ser un libro de la misma calaña. Y digo que es
de mierda porque poco es lo que tengo que decir sobre unos días sin movimiento,
en medio de una pandemia la novedad es escasa y el deseo exagerado, por eso
desde este encierro solo se habla de posibilidades, el problema es
encontrarlas.
Siempre me he imaginado a Bogotá como un reciclador,
esos que en una zorra de madera cargan mil bolsas y caminan entre los autos
como si fueran inmortales. Entonces mi posibilidad es ser bolsa, lata, basura,
o lo que sea que tenga un mínimo valor de cambio para dar un plato de comida al
hogar, que muchas veces es un cartón en el suelo o una grieta debajo de un
puente.
En eso pensaba ayer mientras iba al médico en el
carro, me iban a inyectar una sustancia que se supone ayudará a equilibrar mi
cuerpo, porque las enfermedades mentales, según dicen, son solo desbalances en
el organismo, o sea que soy como una ecuación mal hecha, de las que hacían que
uno perdiera el examen en el colegio. Pero igual no siento que deba preocuparme
por eso. Ayer leía a Pizarnik y solo la veía definirse como una neurótica
mientras decía entre renglones las frases de amor más puras que he encontrado
en la literatura. Nadie ama como un loco. Yo no sé bien qué tengo soy algo
entre un bipolar, un deprimido y un distímico. Como siempre no puedo ser nada.
Pero como decía no me preocupa serlo, es mejor ser un
desequilibrado en esta época de miedos y triunfos líquidos.
Había algo que quería hacer y era narrar mi rutina
diaria, algo así como: leí tal libro y pensé que lo triste de la existencia,
después almorcé con mi familia para comprobarlo y en la noche me dedique a
perder el tiempo con tal de no tener que enfrentarme a la disciplina. Pero
sería lo mismo a diario y para eso llevaría un calendario y no un diario. (si a
esto se le puede llamar diario). Así que contaré lo que viví y ya.
Hoy me vi con M, le di dos besos y un poema. Los
versos la asustaron y empezó a hablar del futuro y la seguridad que necesitaba.
Yo no puedo soportar esos pensamientos de estabilidad, me emputan, lo que
debería haber en una relación es incertidumbre y nada más. Por eso odio el
determinismo, no todo puede ser un preestablecido, me niego a pensarlo, todo lo
que necesita el amor es poder ser sufrido por la libertad del otro. Así que no
sé qué hacer con M, la amo, pero hoy me dijo algo muy cierto, ella no puede ser
la mujer de mi vida, tiene mucha muerte en las manos y no sabe abrazarla, yo
tengo un poco menos y me consume, la única gran enseñanza de la filosofía es
que hay que abrazar la muerte para existir.
Dentro de unos días tal vez me vea con alguien más y
le de más besos, pero ningún poema, ahí está la diferencia.
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