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 27 de junio

Día de nada.

Las inyecciones y los tratamientos médicos cada vez surten menos efecto, no sé si sea irremediable mi condición o si simplemente me niego a aceptar otra realidad. Creo que es la segunda porque me encantaría estar peor, es lo único que realmente puedo pedir, por eso necesito que pase la semana para encontrarme con mis amigos y despilfarrar todo lo que he logrado hasta ahora. Necesito el mareo de todo lo que me ofrezcan, alcohol, marihuana, cualquier vicio, hasta el amor fortuito. Esa es mi única solución y de todos modos no lograré nada, si al caso lograré suicidarme, pero eso no lo podré contar acá si sucede. Ese es el defecto del suicidio, con toda su belleza, no se puede narrar. Lo único que queda es una pobre nota que trata de explicar las razones, cuando las hay, pero nunca queda un testimonio de cómo le dio un paro cardiaco al que saltó desde el piso numero cien, o los pensamientos que tenía el ahorcado, solo queda el cuerpo deformado y las preguntas de rutina que acompañan las culpas injustificadas. “yo pude estar ahí” “¿por qué no le contesté el celular ese día?” “¿por qué tuvo que llegar a esto?” etc. Es por eso que el suicidio me limita a cometerlo, porque nadie lo entiende, y si se los trato de explicar, me internan otra vez.

Eso pensaba hoy mientras arreglaba la casa, como dije, un día de nada. Solo surgieron un par de expectativas falsas. La primera, un ejercicio de escritura que de lo banal es harto beneficioso. La otra, que tengo este libro para continuar existiendo.

Leo a Chaparro y mierda, que cosa tan densa. Todo está medio jodido en sus renglones y eso me gusta, tiene un tinte como a sobredosis todo el tiempo que dan hasta ganas de ser un personaje de esos y ver las naranjas azules. Es la única lectura interesante que tengo ahora. Las demás son conclusiones de otros decires, por más que Gide sea un noble o que Nietzsche sea una artista, en sus libros no hay nada que incremente al alma su valor, sino que son solo sus respuestas perdidas entre las paginas que los inmortalizaron. Lo triste es que nadie sabe de ellos y ni siquiera conocen sus respuestas. Yo no quiero eso para mí. No quiero ni respuestas ni que me desconozcan, quiero ser un poco como Sven o Amarilla, incluso podría decidir ser elefante o burro para que la gente al menos se burle de mí. Pero nada. Soy un escritor tímido, así llegaré a ninguna parte más pronto de lo pensado.

Tengo además un dilema, M dice amarme y Y también, yo no amo a ninguna realmente, aunque a M le digo que sí, pero es diferente, el cariño que le tengo a ella viene de una entraña que desconozco, tal vez sea mas bien una enfermedad. A Y no le digo nada, solo le coqueteo y le digo que cuando la vea verá lo que voy a hacer con ella, pero no tengo ni siquiera los pantalones suficientes para eso. En todo caso ambas me gustan, podría pasar con cualquiera de las dos la mejor de las noches, pero ellas no quieren eso. Ellas quieren el todo, el sudor, las lágrimas, los besos, las caricias, los te amo, la piel rasgada, la cena y la familia. ¡Qué horror! Menos mal estoy encerrado y me puedo curar de tantas respuestas, de pronto cuando salga ya ame a alguien más y me pueda deshacer de ellas, o de pronto me enamore de las dos y terminemos felices los tres. Es el siglo XXI cualquier cosa puede pasar.

 

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