7 de agosto
Vuelvo de un letargo.
Los pasados meses me he encontrado en el abismo, no en
su contemplación, en él, y he saboreado toda la desidia de la que soy capaz en
mi propia piel. Al final he encontrado una ruta para salir adelante, o hacía
arriba (que es igual), y me he aferrado a ella. Morí. Me encontré en medio de
neurosis y complejos no atribuidos a ninguna culpa, sino a la culpa misma, y me
vi hundiendo en cada herida un temor aun mas profundo a no poder abrazarla. Entonces,
volví a nacer.
Dejé a un lado el tóxico que me bañaba a diario y
comprendí que la vida es simplemente la conjunción de respiraciones sin propósito
que somos capaces de mantener.
Así me sentí libre de continuar mi camino sin la
necesidad de imponerme una meta en específico, ya que, como dice Borges, todo
ser humano se reduce al mismo ejercicio del pensamiento, a la única conjunción
posible de ideas, al fatal, pero no nihilista, existir.
Por eso hoy inicio mi verdadero ejercicio en este
diario, ninguno. Para escribir, escribo y eso es todo lo que queda por delante.
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