8 de agosto
Enfrentarse a la posibilidad constante de ser, ese es
el castigo que nos ha dejado el siglo pasado y del que aún no nos desprendemos.
Veinte años no son suficientes para el olvido. Por eso esta generación (la mía)
parece, como todas, perdida, pero con el agravante de que ni siquiera nosotros
mismos creemos en nuestro rumbo. En épocas anteriores se veía la rebeldía como
himno de una década y se encontraba en las nuevas mentes el faro para el
porvenir, pero ahora todo lo que tenemos es el refugio de nuestra nulidad en
este mundo de alcances instantáneos y trascendencias prescindibles. Yo mismo
soy un ejemplo de ello con estas palabras que solo tienen significado para mí,
porque como muchos otros confié en el lema de que todo es posible para aquellos
que trabajan en su arte y me encontré perdido en la soledad más profunda que el
búho pueda imaginar. Así es nuestro tiempo y así será nuestro porvenir: nulo.
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