9 de agosto
El ejercicio diario de escritura puede resultar
tedioso y de hecho lo es. Guardar silencio es una de las cualidades
primordiales del ser humano, sin silencio no hay lugar para el pensamiento y
sin pensamiento no se justifica la existencia. Esa es una de las pocas
enseñanzas que nos ha dejado la filosofía en milenios de existencia. Sin embargo,
hoy no quiero hablar de filosofía ni de la escritura, mucho menos de mí. Sigo obsesionado
con mi tiempo. Esta época, me parece a mí, es una constante distracción, no
porque perdamos el foco de un lugar al cual deberíamos guiar nuestra atención,
sino precisamente porque no existe tal faro contra el cual rebelarse o al cual
seguir. Una de las hazañas mas valiosas del hombre ha sido iniciar la
revolución contra sus ídolos, ya sean humanos o imaginarios, que al final son
lo mismo. El gran triunfo de los siglos ha sido rebelarse contra la monarquía,
destruir los valores morales, alzarse en armas contra Dios; a causa de ello no
nos queda nada. Nos quedamos sin enemigos que derrotar y, acostumbrados a la
lucha, empezamos a buscar un enemigo en nosotros mismos, el espejo es el gran
tedio de nuestra generación.
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