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 Otro día

Camino destruido.

Los días transcurren con letargo desde que tuve la cita con mi psicóloga. Se supone que debo ser productivo y actuar de cierta manera para sentirme “bien”. Pero yo no encuentro utilidad en eso, me quiero sentir mal, es mi vicio, la tristeza saca lo mejor de mí, lo mejor que he escrito ha salido cuando estoy a punto de suicidarme, mi terapia es solo para encontrar el control perfecto entre tener todo el tiempo el cuchillo en la garganta y no presionarlo. Terminé la relación con M, era lo mejor, llevo mucho tiempo intentando que funcione algo que en principio no debió ocurrir, también inicié al tiempo una relación con Y que aun no sé si determinar como relación o simplemente un algo que nos mantiene unidos de una forma más física que sentimental. En fin. Como siempre no sé qué escribir.

Cuando estoy en la calle y camino las ideas vienen por toneladas, tanto así que a veces soy incapaz de escucharlas todas. Entonces me motivo a escribir y me siento frente al teclado y nada. Nada pasa, nada se me ocurre, afuera escribía un nobel en mi cabeza y acá adentro solo siento asco por lo que escribo.

Creo que el fin de todo esto es contar una historia, pero mi vida no tiene ninguna. Una amiga me dijo “Andrés Riveros no es importante para el mundo”. Es verdad. Mi vida no me interesa ni siquiera a mí, ¿por qué tendría que interesarle a alguien más? Esto es basura.

No hay historia, no hay talento, no hay ni siquiera una imaginación que salve algo de lo que digo. No sé por qué continuo escribiendo esto y no llevo sino cuatro días.

Creo que tal vez es para dejar el bloqueo de lado, hace poco escribía una novela y no encontraba hacia dónde ir y entonces empecé este diario con la esperanza de lograr sacar algo literario a mi vida y no ha funcionado.   

Cada vez soy menos admirable y mas deprimente o depresivo, ya no sé cuál es la diferencia. Se supone que en este momento estoy en la cumbre de mi vida, estoy en el mejor de los mundos posibles que yo puedo tener, como diría algún filósofo, pero no es así. Mis contemporáneos cada vez me superan en conocimientos de maneras que yo no podría imaginar porque evidentemente soy un ignorante. Lo único en lo que he sido el mejor hasta ahora es en no serlo y en tener que pedir ayuda por ello. Me dicen que soy valiente y que no cualquiera hace lo que yo estoy haciendo, pero eso no me reconforta, cualquiera que se sienta tan mal como yo tiene que pedir ayuda o se muere, y yo creo que es más valiente el que se muere. Además de todo, en mi ayuda, se me están yendo las cosas de las manos, ya ni siquiera puedo decidir qué leo porque “tengo que ayudarme”, el problema es que por más que Borges sea un mago solo aquellos como Pizarnik pueden entenderme, son mis únicos refugios las palabras del diario de esa poetisa. Borges es solo un libro que hay que leer. Los escritores de la vida, los que alegran a cada letra y llenan el alma de satisfacción son solo una calaña de sonrisas reflejadas, en cambio los que mueren en sus letras son el reflejo en sí, la luz que se termina, la sombra que da profundidad, son ellos los únicos que pueden liberar el alma. Aunque ese proceso siempre ha costado mucho más que la simple vida.

Estos medicamentos ni siquiera me dejan expresar libremente, una palabra sin su lagrima no es más que un balbuceo.

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