Puede ser que mi caso, es decir, mi existencia, se traduzca en una de las actividades creativas menos constantes de la historia de la humanidad, pero también incansable.
No quiero prometerme nada, ni prometer nada a mis lectores imaginarios, pero este diario es una idea que me salvó la vida y que no quiero abandonar. Sin embargo, he descubierto también nuevos rumbos literarios que quiero explorar e inmortalizar de algún modo en mis letras. Por eso esto no es más que un balín más en un cartucho inagotable, que pretendo usar hasta que el ataúd me lo permita.
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He vuelto también a las lecturas, a las obsesiones con los autores que me constituyen y a la búsqueda irremediable de palabras que me ayuden a expresar todo lo que imagino. Por supuesto, no soy constante. Pero hoy es un día excepcional, me siento vital y mis ojos se mantienen insaciables, solo quieren ver letras en frente a ellos, hoy es uno de esos días en los que la biblioteca de Babel parece nimia ante mi sed. Por desgracia solo puedo leer un libro y empezar otro. El primero excelente, un testimonio de la trama borgeana que es Borges mismo con un guiño al final que me hace pensar que no solo su obra es un laberinto magnífico, sino que lo es la literatura en general. los falsificadores de Borges es la prueba definitiva de esto. El segundo, una promesa, un clásico, Sexus, que, siguiendo el misterio de las letras, en la quinta parte del libro de Correas aparece una frase enriquecedora del dilema del mismo Miller.
Todos los libros, son un libro.
Espero volver a este lugar, me resulta grato hablarme, mientras te hablo a ti
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