No puedo empezar a hablar de esta obra (El proceso) sin remitirme a mis otras experiencias de lectura con Kafka. Lo primero que leí de él (como muchos) fue La metamorfosis, ese texto del hombre convertido en cucaracha que los especialistas en el autor dicen es la prueba más clara de que el autor de lengua alemana escribía pensando en su relación con su padre. Cuando leí La metamorfosis no la disfruté —y me pasó un poco lo mismo con El proceso al inicio, pero de eso hablaré más adelante—. No la disfruté por dos razones: la primera, porque me habían vendido la idea de que era una obra maestra de la literatura y entonces mis expectativas estaban demasiado altas; la segunda, porque no entendía el absurdo kafkiano (sigo sin entenderlo completamente).
Volviendo a El proceso yo entré a su lectura creyendo
que iba a encontrarme con una historia de como un hombre es juzgado por un
crimen que nunca cometió y por medio de una serie de tramites legales y
burocráticos termina él mismo por creerse culpable. Esa es más o menos la forma
en la que se resume la historia en las múltiples sinopsis que existen del
libro. Nada más alejado de la verdad. Evidentemente, al empezar la lectura y no
encontrar nada de esto me sentí decepcionado y si a esto le sumo mi distancia
con el estilo de escritura de Kafka debo decir que estuve a punto de abandonar
el libro. Sin embargo, llegó una solución.
En los días que abordaba los primeros capítulos le
escribí a mi hermano en busca de consejo literario. Yo le expliqué que los
personajes de Kafka me irritaban, que su absurdo me parecía demasiado y que en
general no lograba conectar con la historia. Él me respondió que leer la carta
al padre podía ser una buena opción para ver de qué se constituye la literatura
kafkiana: sus traumas personales.
Haciendo un paréntesis muy breve debo decir que esa
carta es mi texto favorito del autor. En ella hay, además de la explicación
completa de cómo fue la relación de Kafka con su padre, una manera muy directa
de conectar con la autopercepción del autor y también una multitud de
referencias a sus textos emblemáticos, la conocida trilogía fundamental (El
castillo, La metamorfosis y El proceso). Esta carta sin duda me ayudó a
comprender lo que ocurría al interior del libro que me estaba dando tantos
conflictos. Fin del paréntesis.
Entonces, si El proceso no se trata de lo que decían
las sinopsis ¿de qué va? Realmente va de todo y de nada en específico al mismo
tiempo. Por un lado, se trata de un hombre que un día es notificado de que ha
iniciado un proceso en su contra y que mientras dure el proceso estará
arrestado, pero sin perder la libertad de ir a su trabajo y continuar con su
vida cotidiana. Por otro lado, es una evidencia de las instituciones sociales
que demarcaban la manera de vivir la vida del hombre moderno (y que lo siguen
haciendo): la iglesia, la ley, el entramado bancario e incluso el arte; cada
una cargada de, o bien un misticismo absurdo, o bien una serie de métodos que
de lo arcaicos resultan asquerosos y deplorables.
En general, y en parte también gracias al estilo del
autor, nunca se puede decir de manera clara qué era lo que tenía en mente Kafka
cuando escribía (un poco también debido a que sus textos suelen ser
inconclusos). Creo que parte de esa imposibilidad, de el personaje que es la
figura de Kafka en la historia de la literatura, no solo como escritor, sino
como persona; ese hombre solitario y traumado que sin quererlo se convirtió en
un referente del siglo XX; es lo que lleva a los críticos, lectores y
especialistas a refugiarse en la visión de que su escritura era solo una forma
de hacer catarsis a su trauma.
Yo estoy en parte de acuerdo con esto sobre todo por
la manera en que la carta al padre me ayudó a entender el texto, pero no creo
que fuera lo único que sacaba Kafka de su ejercicio como escritor. Parte de esa
creencia nace de la sensación que me dio la totalidad del libro mientras lo
recorría. En efecto, hay un hombre que está siendo juzgado y que no acepta que
se le juzgue sin motivo; hay también un rechazo total a todos los
procedimientos a los que se ve sometido todo el tiempo; y, por último, hay
evidencias todo el tiempo de que se debe aceptar esa fatalidad, pero el
personaje nunca tiene esa fuerza. Esto (y que el personaje se llame K…) es lo
que hace creer en principio que Kafka está hablando de sí mismo y de cómo no ha
podido aceptar nunca su trauma; ni los reproches que siente debe hacerle a su
padre; ni, en general, su vida.
Sin embargo, creo que El proceso no se refiere al
proceso de K… sino al proceso de cómo cada juzgamiento lleva a uno nuevo
creando un bucle que nunca conoce final. Primero, se juzga a K…; luego K… juzga
a quienes lo juzgan; después alguien externo al proceso juzga los cambios que
ha sufrido K… a causa de su proceso; y así hasta que el único juzgar que puede
ejecutar el protagonista es contra sí mismo, contra su propia capacidad de
juzgar.
En los días en los que ya estaba por terminar de leer
la novela, y gracias a la casualidad, estaba viendo la película Shutter Island
(recomendada también) y en ella se menciona la forma en que el sistema de salud
se defiende de cualquier objeción de quien quiera que sea considerado loco
precisamente porque el sistema médico, al darle esa clasificación, priva a la
persona de cualquier palabra que merezca la pena ser escuchada. Mientras los
personajes hablan de esto la interlocutora dice: “esa es la magia kafkiana de
su método”. Cuando vi esa escena solo pude sonreír y parar la escena un momento
para pensar en el libro que hoy reseño.
Realmente ese es el absurdo kafkiano, ser considerado
de cierta manera y solo por esa consideración ser completamente despojado de
cualquier capacidad que pueda considerarse humana. Esa, creo yo, era la soledad
de Kafka y su escritura (su proceso) es, entre muchas otras cosas, la forma que
él mismo encontró para pagar esa condena que no podía refutar, aunque lo
intentase. Como él mismo escribe: “A veces uno se asombraba, en tales
condiciones, de que una vida fuera suficiente para llegar a admitir que se
puede triunfar a veces”. Creo que eso resume bastante bien la percepción que
Kafka tenía de sí mismo y en parte también la percepción que da K… en esta
novela. A pesar de cualquier éxito siempre parece absurdo en las letras y la
vida de Kafka.
Creo, para finalizar, que leer a Kafka es un constante
asombro y, aunque no hubiera leído la carta al padre, no habría podido nunca
abandonar su lectura, como no pude abandonar en su momento La metamorfosis y
demás textos que he leído de él. En última instancia Kafka fue un maestro de la
escritura y, con independencia total de cuál fue el motor que lo llevó a crear
sus tantos absurdos, vivir esa soledad a través de sus letras es un privilegio
que no creo nadie se deba negar.
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