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El proceso - Franz Kafka

 No puedo empezar a hablar de esta obra (El proceso) sin remitirme a mis otras experiencias de lectura con Kafka. Lo primero que leí de él (como muchos) fue La metamorfosis, ese texto del hombre convertido en cucaracha que los especialistas en el autor dicen es la prueba más clara de que el autor de lengua alemana escribía pensando en su relación con su padre. Cuando leí La metamorfosis no la disfruté —y me pasó un poco lo mismo con El proceso al inicio, pero de eso hablaré más adelante—. No la disfruté por dos razones: la primera, porque me habían vendido la idea de que era una obra maestra de la literatura y entonces mis expectativas estaban demasiado altas; la segunda, porque no entendía el absurdo kafkiano (sigo sin entenderlo completamente).

Volviendo a El proceso yo entré a su lectura creyendo que iba a encontrarme con una historia de como un hombre es juzgado por un crimen que nunca cometió y por medio de una serie de tramites legales y burocráticos termina él mismo por creerse culpable. Esa es más o menos la forma en la que se resume la historia en las múltiples sinopsis que existen del libro. Nada más alejado de la verdad. Evidentemente, al empezar la lectura y no encontrar nada de esto me sentí decepcionado y si a esto le sumo mi distancia con el estilo de escritura de Kafka debo decir que estuve a punto de abandonar el libro. Sin embargo, llegó una solución.

En los días que abordaba los primeros capítulos le escribí a mi hermano en busca de consejo literario. Yo le expliqué que los personajes de Kafka me irritaban, que su absurdo me parecía demasiado y que en general no lograba conectar con la historia. Él me respondió que leer la carta al padre podía ser una buena opción para ver de qué se constituye la literatura kafkiana: sus traumas personales.

Haciendo un paréntesis muy breve debo decir que esa carta es mi texto favorito del autor. En ella hay, además de la explicación completa de cómo fue la relación de Kafka con su padre, una manera muy directa de conectar con la autopercepción del autor y también una multitud de referencias a sus textos emblemáticos, la conocida trilogía fundamental (El castillo, La metamorfosis y El proceso). Esta carta sin duda me ayudó a comprender lo que ocurría al interior del libro que me estaba dando tantos conflictos. Fin del paréntesis.

Entonces, si El proceso no se trata de lo que decían las sinopsis ¿de qué va? Realmente va de todo y de nada en específico al mismo tiempo. Por un lado, se trata de un hombre que un día es notificado de que ha iniciado un proceso en su contra y que mientras dure el proceso estará arrestado, pero sin perder la libertad de ir a su trabajo y continuar con su vida cotidiana. Por otro lado, es una evidencia de las instituciones sociales que demarcaban la manera de vivir la vida del hombre moderno (y que lo siguen haciendo): la iglesia, la ley, el entramado bancario e incluso el arte; cada una cargada de, o bien un misticismo absurdo, o bien una serie de métodos que de lo arcaicos resultan asquerosos y deplorables.

En general, y en parte también gracias al estilo del autor, nunca se puede decir de manera clara qué era lo que tenía en mente Kafka cuando escribía (un poco también debido a que sus textos suelen ser inconclusos). Creo que parte de esa imposibilidad, de el personaje que es la figura de Kafka en la historia de la literatura, no solo como escritor, sino como persona; ese hombre solitario y traumado que sin quererlo se convirtió en un referente del siglo XX; es lo que lleva a los críticos, lectores y especialistas a refugiarse en la visión de que su escritura era solo una forma de hacer catarsis a su trauma.

Yo estoy en parte de acuerdo con esto sobre todo por la manera en que la carta al padre me ayudó a entender el texto, pero no creo que fuera lo único que sacaba Kafka de su ejercicio como escritor. Parte de esa creencia nace de la sensación que me dio la totalidad del libro mientras lo recorría. En efecto, hay un hombre que está siendo juzgado y que no acepta que se le juzgue sin motivo; hay también un rechazo total a todos los procedimientos a los que se ve sometido todo el tiempo; y, por último, hay evidencias todo el tiempo de que se debe aceptar esa fatalidad, pero el personaje nunca tiene esa fuerza. Esto (y que el personaje se llame K…) es lo que hace creer en principio que Kafka está hablando de sí mismo y de cómo no ha podido aceptar nunca su trauma; ni los reproches que siente debe hacerle a su padre; ni, en general, su vida.

Sin embargo, creo que El proceso no se refiere al proceso de K… sino al proceso de cómo cada juzgamiento lleva a uno nuevo creando un bucle que nunca conoce final. Primero, se juzga a K…; luego K… juzga a quienes lo juzgan; después alguien externo al proceso juzga los cambios que ha sufrido K… a causa de su proceso; y así hasta que el único juzgar que puede ejecutar el protagonista es contra sí mismo, contra su propia capacidad de juzgar.

En los días en los que ya estaba por terminar de leer la novela, y gracias a la casualidad, estaba viendo la película Shutter Island (recomendada también) y en ella se menciona la forma en que el sistema de salud se defiende de cualquier objeción de quien quiera que sea considerado loco precisamente porque el sistema médico, al darle esa clasificación, priva a la persona de cualquier palabra que merezca la pena ser escuchada. Mientras los personajes hablan de esto la interlocutora dice: “esa es la magia kafkiana de su método”. Cuando vi esa escena solo pude sonreír y parar la escena un momento para pensar en el libro que hoy reseño.

Realmente ese es el absurdo kafkiano, ser considerado de cierta manera y solo por esa consideración ser completamente despojado de cualquier capacidad que pueda considerarse humana. Esa, creo yo, era la soledad de Kafka y su escritura (su proceso) es, entre muchas otras cosas, la forma que él mismo encontró para pagar esa condena que no podía refutar, aunque lo intentase. Como él mismo escribe: “A veces uno se asombraba, en tales condiciones, de que una vida fuera suficiente para llegar a admitir que se puede triunfar a veces”. Creo que eso resume bastante bien la percepción que Kafka tenía de sí mismo y en parte también la percepción que da K… en esta novela. A pesar de cualquier éxito siempre parece absurdo en las letras y la vida de Kafka.

Creo, para finalizar, que leer a Kafka es un constante asombro y, aunque no hubiera leído la carta al padre, no habría podido nunca abandonar su lectura, como no pude abandonar en su momento La metamorfosis y demás textos que he leído de él. En última instancia Kafka fue un maestro de la escritura y, con independencia total de cuál fue el motor que lo llevó a crear sus tantos absurdos, vivir esa soledad a través de sus letras es un privilegio que no creo nadie se deba negar.

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