Una serpiente se ha enrollado en mi cuello y me ha susurrado, con el suave ardor de sus colmillos, que soy un esclavo. El veneno de la libertad se ha extendido hasta mis pulmones para provocarme esta asfixia incombatible. Tendido en el suelo, preso de la agonía, solo puedo abrir los ojos y ver a la serpiente deslizarse lejos de mi cuerpo. Pienso que ese cuerpo ágil, esa dignidad al moverse, ese orgullo con el que se enrolla en el cuello de alguien más para asesinarle, son el recipiente vital de este veneno que ahora me atenaza. Pienso que tal vez yo debiera ser serpiente.
“Los
conquistadores, pueden obligar al bronce de sus cañones, a convertirse en
estatuas; pero, el acero de la pluma, puede obligar a estas estatuas a
convertirse en polvo.”
Me gustaría conocer más a fondo la obra de Vargas Vila
para hablar sobe este libro, o, mejor dicho, estos libros. Pero, aunque desconozca
el profundo de su pensamiento, sé que la pluma de este colombiano apátrida tuvo
en su potencia reducir, no solo las estatuas, sino el mundo al polvo.
Me gustaría hablar de los libros, podría quizá
mencionar sus títulos, pero poco o nada valdría la pena caer en la imprecisión
de hablar de este autor como un reflejo de sus letras cuando son ellas el
pensamiento de uno de los pocos animales leales a sí mismos que ha visto esta
especie.
“La característica de un hombre de
principios, es que no tiene nunca un fin”
Cada acto de la palabra de Vargas Vila es un acto
reaccionario, un intento por entregarse a la libertad, por dejar la
civilización para habitar en la selva. El rechazo a la familia, a las
instituciones, al amor, a la vida e incluso a la gramática son sus formas de
vivir en anarquía. Anarquía cuestionada por muchos, incluso rebatida en pobres artículos
de su tiempo que él habría respondido de no ser por la bajeza de aquellos
comentarios. Anarquía que le obligaría incluso a tratar con asco estas palabras
que hoy escribo por ser confundidas con la idolatría.
“Hay países, y, hay momentos en que
la admiración es un peligro y un insulto; yo temo el momento, en que sea
comprendido en mi país, ese será el momento de mi declinación; espero, no
llegar nunca a ese grado de imbecilidad…”
La impresión que me dejan los aforismos de este autor es
profunda en demasía; la revelación de las verdades que no envilecen, sino que
matan, el humor y la sinceridad que solo pueden ser confundidos con la hipocresía,
la paradoja que es Vargas Vila.
Al terminar de leer sus aforismos me quedan dos
opciones.
Quemar sus libros para seguir su iconoclastia, lo que
me haría esclavo de sus ideas.
Dejar de escribir porque toda palabra es una
repetición de una idea anterior y en la libertad solo puede habitar la
originalidad.
“Yo, no amo los poetas, sino en sus
libros; es su personalidad la que me seduce; su persona me es indiferente, o
molesta… mis grandes poetas son muertos o han estado muy lejos de mí; todo
contacto con la Humanidad me es odioso”
Nada más que decir.
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