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«No hay ninguna compulsión que haga que una cosa deba suceder porque
otra haya sucedido. Sólo una
necesidad lógica existe».
WITTGENSTEIN, Tractatus, 6.37.
Acabo de soltar los guantes, los que me fueron
entregados con mi nacimiento quiero decir, y los he dejado colgados en la
frustración. No es fácil, aun sin llevarlos puestos siento su peso en mis manos,
ese peso de ansiedades ajenas…de tan propias que son. Acabo de soltar los
guantes y me pregunto quién habrá sido herido de tan terrible manera para
defenderse del dragón con una espada cuando siempre se puede regalar una flor.
Ay, querido Wittgenstein, querido Tractatus, querida filosofía cómo ha dolido
siempre estar con la verdad respirando nuestros suspiros sin que podamos
tocarla. ¿y el amor, querida, qué ha pasado con él? Se ha perdido en este mundo
de reglas insufribles, en esta constante incertidumbre.
Tal vez fuimos demasiado cobrade y tuvimos que darle letras
a los labios para decirnos “te amo”; pero, amor mío, no hay lenguaje; no hay
idiomas, hay vida. Experimentarnos ha sido nuestro único propósito y en lugar
de eso nos adoctrinamos: luchar por la felicidad es la única forma de no llegar
nunca a la plenitud. Y el mundo ocurre. Y más que el mundo, ocurre el universo,
ocurrimos nosotros. No sé tú, pero a mí me hubiera gustado encontrarte a ti
primero, a ti, amor, y no a estos sufrimientos que me construyeron. Tú lo sabes
incluso mejor que yo: este manto gris que me recubre es solo la simulación de
una armadura que resguarda al niño del abandono. Pero todo esto es un anhelo,
una mera elucubración de mis mentes, una ilusión profana de un edén que nunca
cerró sus puertas, pero sí su bienvenida.
Todos de algún modo sentimos este desasosiego que
siento yo contigo. Ocurre sin ningún motivo, en ningún momento, solo un día
despertamos y desperdiciamos nuestro talento tirando el tiempo al reloj; luego
escupimos nuestro miedo en alguien más que verá el mismo cielo que podríamos
ver juntos, pero con el temor de llegar tarde a su pasado. Al final del día
todos cargamos la misma cruz, pero nos hemos convencido tantas veces de que el
dolor es propio que una sonrisa ya no es un puente, sino una envidia.
Tan poco cuesta amar que, en este sistema, amar está
en vía de extinción. Lo siento, pero ustedes no aman, ustedes destruyen. Eso
que ustedes llaman amor son en realidad protocolos, todo aquello que llaman
felicidad, avaricia. Yo no sé romper sus barreras, uso la literatura para decir
lo que siento y las palabras para expresar lo que pienso; pero, ¡ay del
lenguaje que nunca llega a cumplir su función completamente! Toda esta
verborrea porque vi una película.
Elegir el amor siempre es la respuesta, pero amar en
este mundo siempre es una imposibilidad. Mucho ego, mucho yo, muchos deseos y
poca comprensión. Si tan solo entendiéramos que toda frontera es una
imaginación, una mera evidencia de nuestro miedo a ser insignificantes; si tan
solo entendiéramos que la identidad es tan solo una frontera más. Si
tan solo no tuviera que pasar EVERYTHINGEVERYWHEREALLATONCE…
“…sorry, what did
you say?”
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