Te digo que lo estoy notando desde el primer día. Lo primero fueron los turupes en el suelo como de que algo se estaba torciendo y ya hasta que se hizo insoportable caminar en diagonal y tomar café con una ligera desviación hacia la derecha de lo que sería el “pal centro y pádentro” para que cayera directo a la boca…un poco a la izquierda. Esto mirando con sentido oriente-occidente, de ahí se gira el sentido de la desviación dependiendo del norte que uno mire.
Me fui adaptando, como ves, pero ya tenía indicios y
hoy me levanté y dije: “algo está mal” y ahora no puedo dormir de pensar que se
me va a venir el techo encima. Lo más estresante del caso es que me frustra
haberlo sabido y haberlo pasado así, sin más, con el pocillo de lado porque así
es el cambio y hay que acostumbrarse y todas esas cosas; pero te juro que hoy
me desperté y lo vi tan claro que las sospechas se conectaron en un derroche de
claridad que terminó en una certeza absoluta: “hoy te mueres”.
Recuerdo que después de los desniveles vi un edificio
que se hundía en frente de una estación de Transmilenio, lentamente…demasiado
lentamente…dando tiempo a que la señora del cuarto cocinara su almuerzo
mientras el del segundo se despertaba, o se despertaban porque a la mano que
miraba al cielo a ver qué tal el clima se la llevó otra más frágil que le daba
lo mismo. El edificio es más antiguo que yo (¿cuánto lleva hundiéndose esta
ciudad?) de pequeño lo veía en la ventana cuando pasábamos hacía la Universidad
o de vuelta de ella. Seguro lleva así, inclinado, desde el inicio y solo hasta
ahora lo detallaba; pero eso y las grietas y el café de lado…luego el tubo de
agua.
Los pisos empezaron a inflarse, las paredes se quitaron
la pintura y que venga el plomero, que toca romper y buscar; gajes del oficio.
El caso es que encuentran el error y quitan el tubo dañado, pero cuando van a
poner el nuevo no les da la medida, “hace falta otro centímetro” explica el
obrero y termina con total naturalidad diciendo: “el edificio tuvo un ajuste” y
yo pienso que sería grandioso que un edificio se pudiera ajustar, digamos, a
necesidades básicas como quitar las paredes para de vez en cuando hacer una
fiesta, un almuerzo, una orgía…digo…no sé…algo más…humano, para eliminar las
falsas distancias, un puro elemento práctico para el desarrollo de una sociedad
plena; pero: los desniveles, el café de lado, el edificio de la treinta y ahora
esto…¿cómo así que tuvo un ajuste? Gajes del oficio…
Entonces me he levantado hoy a las dos de la madrugada
con la certeza de que algo estaba mal …y las paredes en su sitio, los
desniveles aun siendo los mismos desniveles…así que me puse de pie con un
esfuerzo cansado, porque a estas horas convendría más dormir que estar vagando
por la soledad y estaba en el lado del cuarto que no era, estaba en el lado de
la cama donde duerme tu sombra y te juro que nunca, por terrible que sea el
insomnio o la pesadilla, nunca duermo allí; pero es que la gravedad es tiránica
y los baches y las grietas y los centímetros que faltan para que se rompa
definitivamente… y fui y me serví un plato de cereal y de regreso a la cama me encuentro
con una grieta doble en la pared y ayer no estaba y mi pie se estrella con un
bache y ya sostengo el plato temblando del esfuerzo y este edificio que no es
tan viejo, pero que está construido sobre una ciudad que se hunde y las
cañerías que ahora tienen un centímetro más y yo que enderezo el cuello y me sé
diagonal…te digo que lo notaba desde el principio, pero la verdad siempre se
viste de catástrofe y el techo que se viene encima con sus cinco pisos y me
liquida, estando ahí…sin caerse…cayéndose eternamente; y yo, escalando por tu
lado de la cama….pensando cuánto más faltará…
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